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01 febrero 2009

Las entidades metropolitanas se consorcian en espera de unirse por ley

Font: El País

El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) fusionó ayer los tres entes que la configuran: la Mancomunidad de Municipios, la Entidad Metropolitana del Transporte (EMT) y la del Medio Ambiente (EMA). La unión se certifica en la creación del Consorcio del AMB y supone un gesto más simbólico que político: el nuevo ente nace como una mera coalición de sus tres miembros, sin competencias añadidas. Sin embargo, según sus valedores, la unión reforzará al AMB al negociar con la Generalitat por la futura Ley de áreas metropolitanas. La norma, según dijo en diciembre el consejero de Gobernación, Jordi Ausàs, se aprobará en mayo y permitirá la creación de un gobierno metropolitano institucionalizado, con más competencias que el actual consorcio.

De momento, las 36 poblaciones coaligadas en el nuevo ente deberán conformarse con una administración de rango local, en la que las tres entidades anteriores serán representadas según su extensión territorial y el número de competencias que ejerzan. El presidente de la Mancomunidad, el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, ocupará la presidencia del Consorcio, y las vicepresidencias las ocuparán los dirigentes de la EMT y la EMA, Antoni Poveda y Francisco Narváez, respectivamente. Según los estatutos, que no descartan la inclusión en el consorcio de otras entidades y empresas públicas, su organización evita la jerarquía de un miembro sobre los otros.

Un año más

Hereu se esforzó en recalcar la importancia de la unión de las tres entidades metropolitanas: "Sumar es la clave para llegar a nuestros objetivos; el consorcio contribuirá a superar el fraccionamiento entre los miembros y será un factor de cohesión del territorio", enfatizó. Para su presidente, la fundación del consorcio es un importante paso adelante para lograr la instauración del gobierno metropolitano y permitirá encarar con más seguridad la negociación con la Generalitat, un diálogo que "durará meses". El alcalde de Barcelona situó en un año la inauguración de la nueva Área Metropolitana de Barcelona. El paso intermedio, el Consorcio de la AMB, fue aprobado ayer con los votos a favor de PSC, CiU, ERC, e ICV. El PP votó en contra porque considera que la coalición no colma las inspiraciones metropolitanas de conformarse como institución.

26 junio 2008

Proyectar el área metropolitana

ORIOL BOHIGAS
En las críticas más o menos solventes sobre el urbanismo de Barcelona aparece, desde hace años, el asunto del área metropolitana, como el más trascendental por su carácter estructural, por su envergadura dimensional y por su contenido social. Es un problema del que se deducen infinidad de temas secundarios que afectan a la forma de vivir y convivir de toda la comunidad. La inestabilidad del área en sus propias fases de planificación, la ineficacia funcional de sus redes de comunicación, la falta de continuidad y homogeneidad social, morfológica y simbólica, la degeneración suburbial, las periferias degradadas tienen una repercusión inmediata en la vida de cinco millones de catalanes. El tema se arrastra desde la década de 1950. Ante la prohibición por parte del Gobierno central de agregar a Barcelona directamente los municipios colindantes -tal como se hizo aquellos mismos años en Madrid- la capital catalana tuvo que buscar soluciones de coordinación -forzadas, inconclusas y, al fin, inútiles- entre los diversos núcleos autónomos. Estas soluciones se han sucedido en una dramática línea de fracasos y, a veces, incluso, originando problemas complementarios.
El asunto del área de Barcelona aparece en las críticas sobre urbanismo desde hace años
El primer intento fue el Plan de Ordenación Urbana de Barcelona y su zona de influencia (1953), un documento conocido habitualmente como Plan Comarcal que comprendía 27 municipios. Sirvió sólo para algunas operaciones concretas y para suscitar en 1956 el Plan Director del Área Metropolitana de Barcelona, que incluía 162 municipios. Este plan presentaba un conjunto de trabajos muy interesantes, con escasa propuesta proyectual, pero con abundantes análisis científicos, publicados en 27 volúmenes, que son, todavía, referencia y muestrario de la nueva generación de equipos pluridisciplinares en el campo del urbanismo. La gran cantidad de municipios incluidos en el plan explica un nuevo concepto del Área Metropolitana, referida más a una red de interdependencias y a unas relaciones de residencia y trabajo que a la simple proximidad física. Pero los procesos de aprobación y los instrumentos de aplicación no funcionaron y los esfuerzos administrativos se dirigieron hacia una nueva etapa: el Plan General Metropolitano de Ordenación Urbana de la Entidad Municipal Metropolitana de Barcelona. Se aprobó en 1976 y se creó la Corporación Metropolitana como ampliación de la Comisión de Urbanismo y Servicios Comunes de Barcelona y otros Municipios. El plan y la estructura administrativa empezaron a funcionar en un área que sólo comprendía 27 municipios, muy pronto insuficiente para la expansión real.
En 1987 la Generalitat cometió el grave error de suprimir la Corporación sin ninguna razón más allá de los presuntos desequilibrios electorales. El plan se ha mantenido, sobre todo en la ciudad central, pero la totalidad del área ha seguido desatendida con escasas consecuencias proyectuales. Se inician los trabajos para un plan territorial que se desarrollan bajo la dirección del ingeniero Albert Serratosa y se prolongan hasta 1998. Sus autores se esfuerzan en divulgarlo e incluso lo publican muy concienzudamente, aunque sin alcanzar una aprobación definitiva.
En 2004, con el tripartito, la historia recomienza. El Departamento de Política Territorial inicia los estudios para un nuevo plan del área global: 164 municipios, 3.200 kilómetros cuadrados y 5 millones de habitantes. Hace pocas semanas el anteproyecto ha sido presentado a información pública, una publicidad todavía informal pero suficiente para recoger la opinión de la ciudadanía y de los técnicos pertinentes. Al cabo de tres meses, la propuesta ya adaptada pasará a la aprobación inicial, a la reglamentaria información pública y a la aprobación definitiva. ¿Cuántos meses va a durar, todavía, ese atribulado proceso?
El lector se extrañará de que me haya detenido en esta historia de trámites casi inútiles. Pero es esta historia la que permite derivar observaciones críticas, quizá más que el contenido del anteproyecto, sin duda lleno de propuestas plausibles. Esos largos años de incertidumbre han sido decisivos en el creciente descrédito de nuestros políticos del Gobierno y de la oposición: o no se han interesado realmente por el problema urbano más grave del país -por razones partidistas- o no han sido capaces ni siquiera de iniciar su gestión -por razones de ineficacia. La supresión de la Corporación barrió posibilidades y destruyó la unidad política de gestión y proyecto. Con tanta frustración acumulada es lógico que algunos ciudadanos desconfíen y exijan una recomposición de las instituciones y los instrumentos. Que pidan programas más precisos, que los políticos concreten calendarios y expliciten su interés por la metrópoli y lo sepan comunicar a la ciudadanía como un tema prioritario, urgente, indiscutible. De momento, es muy buen síntoma ese anteproyecto. Pero hay que insistir en él, aunque no acabe de ser asimilado con entusiasmo ni siquiera con entusiasmo crítico. Ésa es la transformación básica para la total reordenación territorial de Cataluña, la transformación a la que el Gobierno debe reclamar una profunda participación popular. Es más fácil entretenerse en la polémica de los túneles, en la denuncia de los fallos ferroviarios, en las insuficiencias aeroportuarias, en el detalle de ciertas infraestructuras, pero hay que tener presente que todo ello depende directamente de las grandes decisiones territoriales, la primera de las cuales es, precisamente, el Área Metropolitana de Barcelona. De momento no oigo el ruido de la polémica ni el rumor del diálogo en la política y la ciudadanía. ¿Y los medios de comunicación seguirán en sus silencios no comprometidos?
Espero que el Departamento de Política Territorial maneje adecuadamente ese anteproyecto y lo catapulte acompañado de un programa de gestión en la perspectiva de una nueva Corporación o un megaayuntamiento con altas responsabilidades políticas, elegido democráticamente, para gobernar una gran ciudad regida y reglamentada unitariamente.
Oriol Bohigas es arquitecto.

02 abril 2008

Els micropobles alcen la veu

Font: Diari Avui. 28.03.2008. http://wwww.avui.cat/mon_politica/detail.php?id=25927

Una mica més d'un terç dels municipis catalans tenen menys de 500 habitants. Representants d'una quinzena d'aquests pobles han decidit "sumar esforços" i crear l'Associació de Micropobles de Catalunya per defensar les seves necessitats específiques davant les administracions

Dels 946 municipis catalans, més d'un terç són micropobles, és a dir, municipis amb menys de 500 habitants. Tot i no sumar 100.000 habitants, els 334 pobles amb menys població de Catalunya ocupen més del 40% del territori del país. Conscients de les seves necessitats i especialment de les seves especificitats, aquestes localitats han decidit alçar la veu i constituir, aquest dissabte, l'Associació de Micropobles de Catalunya.


"Volem fer-nos valer i recordar que els pobles petits no són només llocs per anar de vacances sinó que aquí també hi viu gent", defensen a la nova associació

Representants electes d'una quinzena de micropobles, cansats d'haver "de pidolar subvencions a administracions paternalistes" i farts de ser ignorats per "les grans companyies de serveis", han decidit "sumar esforços" i crear la nova associació amb l'objectiu, segons el portaveu del grup promotor i regidor d'Argençola (Anoia), Toni Lloret, de denunciar el "tracte discriminatori" a què són sotmesos aquests municipis. Els problemes pressupostaris i les complicades relacions amb les grans companyies de serveis, en especial telefòniques i elèctriques, són el punt de partida d'una associació que aglutina representants de gairebé totes les forces municipalistes representades als pobles més petits de Catalunya.

Sense color polític

"No volem que hi hagi preponderància de cap color polític determinat i tampoc no som una contraentitat", ha assenyalat Lloret, que considera que tant la Federació de Municipis de Catalunya com l'Associació Catalana de Municipis i Comarques no es poden fer càrrec de "l'especificitat" dels micropobles. "Ens costa fer-nos sentir en aquestes entitats, el nostre pes és molt magre i costa fer entendre als municipis més grans la nostra realitat".

La nova associació, que inclou consistoris com els de Senan (Conca de Barberà), Colomers (Baix Empordà), Esterri de Cardós (Pallars Sobirà) i Montmaneu (Anoia) i regidors a títol individual com el mateix Toni Lloret, es planteja "unir esforços" per reclamar solucions a "necessitats i injustícies" com la falta de serveis. Lloret assenyala, a tall d'exemple, que a Argençola la instal·lació d'una antena per assegurar la cobertura de mòbils comporta que l'Ajuntament hagi d'assumir les despeses d'electricitat, un "tracte discriminatori" amb altres municipis, on les empreses telefòniques no només es fan càrrec de totes les despeses sinó que fins i tot gratifiquen econòmicament els veïns per la instal·lació d'antenes.

"Volem fer-nos valer i recordar que els pobles petits no són només llocs per anar de vacances sinó que aquí també hi viu gent", ha afirmat el portaveu, que marca com a grans línies d'actuació "la necessitat de fer-nos entendre bé" i "aconseguir que les administracions ens responguin". L'Associació de Micropobles de Catalunya es presenta aquest dissabte, 29 de març, i té previst reunir-se amb el president del Parlament dimarts, dia 1 d'abril.

19 febrero 2008

El galimaties de la planificació

Al cap de 25 anys que ja ho preveiés per llei, el govern català tot just ara redacta els plans pendents de desenvolupament del territori

ÒSCAR PALAU. Tarragona
De pocs anys ençà, molts ciutadans –i periodistes, és clar– s'han hagut de familiaritzar amb informacions gairebé diàries sobre previsions –sovint simples traces sobre un mapa, de vegades ni això– per d'aquí a 20 o 30 anys: el pla territorial parcial, l'estratègic, plans directors urbanístics, d'infraestructures, de transports, de mobilitat, etc. Però, en què consisteixen tots aquests plans? Quina importància real tenen? D'on ve aquest boom de la planificació?

LLEI DE POLÍTICA TERRITORIAL
Cal anar força enrere per trobar l'embrió de tot plegat, ni més ni menys que 25 anys, ja que és la Llei 23/1983, de 21 de novembre, de política territorial la que crea les figures que tot just ara s'estan desenvolupant. Primer, això sí, la norma insta la redacció del pla territorial general (PTG) de Catalunya, el marc comú de referència que havia de definir els objectius genèrics de potenciar el desenvolupament, equilibrar el territori i ordenar el creixement. La mateixa llei ja preveia que a partir d'aquí s'haurien de formular plans territorials parcials (PTP) –centrats en àrees geogràfiques més concretes– i plans territorials sectorials (PTS) –d'abast de tot el territori, per a sectors d'activitat transversals–. Per sota, els plans d'ordenació urbanística de cada municipi (POUM) haurien de «ser coherents amb les determinacions» dels PTP i del mateix PTG.

DOTZE ANYS PER AL PTG
Tot i que un decret del 1984 ja en definia més concretament el procés d'elaboració, el PTG trigaria onze anys més a veure la llum, perquè s'aprovava finalment segons la Llei 1/1995, de 16 de març. El pla, a banda d'establir un seguit de paràmetres generals –com ara localitzacions d'activitat o fluxos de mobilitat laboral–, també marcava ja unes directrius molt més precises per a l'elaboració dels PTP. Aquests es van fixar en sis, ja que encara no es tenia en compte la vegueria de l'Alt Pirineu i Aran. A més, es preveia que algunes comarques entressin en dos o fins i tot tres àmbits de planificació. És el cas del Baix Penedès, que a més del Camp s'havia de tenir en compte en l'àmbit metropolità i les comarques centrals. El Priorat també havia de considerar-se amb les Terres de l'Ebre, i, a l'inrevés, la Ribera d'Ebre i la Terra Alta s'havien de tenir presents en la planificació del Camp. En paral·lel, el PTG també acotava molt millor els PTS, que suggeria que s'havien de fer en tres grans àmbits: infraestructures –transports, carreteres, ferrocarrils, aeroports, ports, aigua, sanejament, residus, telecomunicacions, etc.–, equipaments –sanitaris, educatius, esportius, culturals, comercials, etc.– i protecció del medi –sòls d'especial interès agrícola i forestal–.

LA TRISTA REALITAT
En la pràctica, el desplegament dels PTP previstos en el PTG seria extremadament lent. A més, encara s'ha acabat d'embolicar amb la creació de la figura dels plans directors territorials –de fet, només se n'han fet a l'Empordà, l'Alt Penedès i la Garrotxa– i els plans directors urbanístics, per a àrees molt més específiques. Abans que cap PTP, així, el primer que es va aprovar va ser el pla director del delta de l'Ebre, el 1996. El pla territorial de les Terres de l'Ebre també seria pioner a Catalunya, perquè es va aprovar el maig del 2001.

GOVERN NOU, IMPULS NOU
Amb l'entrada del primer govern tripartit, el 2003, es van definir nous criteris de planificació, que obligaran per exemple a revisar el 2011 el PTP de l'Ebre, tot i que en teoria tenia 20 anys de vigència. S'ha accelerat la resta de PTP pendents al país, procés en què encara es treballa ara. És el cas del PTP del Camp, que ja va presentar l'avantprojecte al setembre i s'espera que s'aprovi inicialment a l'abril. El text –que es complementarà amb les aportacions del pla estratègic, un text més ampli, pioner a Catalunya, que han redactat les institucions privades de la Mesa Socioeconòmica– suggereix, a més, sis plans directors urbanístics més concrets per a la regió –vegeu gràfic–, dels quals ja s'ha començat el de l'àrea central, que afecta 23 municipis. Tots s'uniran al pla director de la química i el turisme, del 2003.

En paral·lel, la Generalitat ha aprovat un seguit de plans sectorials transversals, si bé fins ara no s'han agilitzat de debò. En qüestió de mesos s'han presentat el pla de ports, aeroports, transport de viatgers –fa dues setmanes– i els plans urbanístics de les àrees residencials estratègiques, presentat divendres passat.
Joaquim Margalef: «Potser arriben tard, però s'han de fer»

El màxim responsable territorial analitza tots els plans actualment en marxa

-En què es diferencia el pla estratègic del Camp, presentat el dia 8, de la resta de plans?
-«El pla estratègic és el plantejament socioeconòmic que fa la societat civil de la zona, i diu què seria desitjable. L'administració és qui posa les regles del joc i les inversions necessàries, tot i que, de fet, només un dels sis camps que tracta es refereix a infraestructures. Essencialment, són actuacions que ja s'estan duen a terme.»

-S'acceptaran les més de 200 propostes presentades en el pla territorial parcial del Camp?
-«Es modificarà la visió d'algunes infraestructures, o alguns sòls de protecció a retallar. En general, però, hi ha plantejaments molt locals, que no són significatius per la filosofia general. A final d'abril o principi de maig sortirà a exposició pública, i s'aprovarà definitivament abans de final d'any.»

-I els 6 plans directors urbanístics previstos?
-«Ara només estan en marxa, i força avançats, els treballs del pla de l'àrea central del Camp, però l'aprovació definitiva serà el 2009. Seria contradictori tirar-lo endavant abans que el pla territorial.»

-El pla territorial del 1995 feia hipòtesis de població que han quedat del tot desfasades...
-«Quan fas plans a llarg termini parteixes de bases que es poden modificar en funció de com evolucioni la realitat socioeconòmica i demogràfica, per això es fan revisions. En el cas del Pla Territorial de Catalunya, és previsible que se n'iniciï una revisió quan s'acabin els parcials, perquè és un tràmit més feixuc que ha d'aprovar el Parlament.»

-Per al PP, es planifica molt i s'executa poc...
-«Si es mira la inversió en infraestructures, el PP veurà que moltes obres ja s'estan executant.»

-Molta gent es perd quan sent a parlar de tants plans. En què ens afecten, en la pràctica?
-«Jo també em perdo quan parlen de plans de sanitat, perquè no hi entenc. Si tinc uns terrenys m'interessarà saber què diu el POUM, per exemple, que s'haurà d'inserir en aquesta planificació global.»

-No arriben tard, tots aquests plans?
-«Potser sí, però s'han de fer i es tindran en compte per al creixement futur.»

El pla territorial del 1995 no preveia fins al 2026 la població del 2007


El Camp i l'Ebre ja tenien l'any passat els 760.000 habitants estimats d'aquí a 30 anys

ÒSCAR PALAU. Tarragona
Decididament, el creixement de Catalunya en l'última dècada s'ha desbocat. Les projeccions de població que el Pla Territorial General feia el 1995 calculaven que 30 anys després la població seria de 7,5 milions de persones, encara no 300.000 més de les que ja té el país segons el padró de l'1 de gener del 2007. La dada és més escandalosa en el conjunt del Camp i l'Ebre, on la població l'any passat arribava a 757.795 persones, gairebé les mateixes (764.402) que el PTG hi estimava per al 2026.

Després de les extrapolacions demogràfiques efectuades a partir de les dades del 1975, els experts escollien com a hipòtesi de treball la que assignava 1,5 milions més de persones per a la Catalunya del 2026, sense establir cap evolució intermèdia des de les darreres dades reals del 1991. L'objectiu de la Generalitat amb el pla era dibuixar la imatge objectiu final en la distribució territorial de la població, que preveia reequilibrar mínimament, mirant d'invertir la tendència del creixement a l'àrea metropolitana per repartir-lo entre la resta de territoris (vegeu el gràfic). Per això el mateix document ja indicava com a «desitjables» les hipòtesis de 656.000 habitants al Camp (respecte als 598.940 que hi preveia) i 244.000 (respecte als 165.462 estimats) a l'Ebre, 900.000 en total.

Una altra projecció de l'Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat), feta tres anys més tard, el 1998, encara feia, de fet, unes estimacions més modestes, ja que preveia per al 2026 una població que podia oscil·lar «entre els 6,19 milions d'habitants pel cap baix i poc més de 7 milions en la previsió més alta».

PROPERA REVISIÓ

«El pla de 1995 ha quedat desfasat, absolutament dinamitat per la immigració», analitza el geògraf Robert Casadevall. L'expert constata que a mitjan noranta el fenomen ni de bon tros s'havia previst encara i constata que «sense aquest component, el creixement natural d'aquests anys ha estat negatiu». Ell mateix recordava que el 2001 ja es va fer una memòria de seguiment que corregia a l'alça les previsions, ja que «a la pràctica, els plans que es fan ara ja incorporen la dinàmica poblacional actual». El govern, en tot cas, ja ha anunciat que revisarà el PTG tan bon punt es completi la redacció dels set plans territorials, dels quals serà una refosa.

Font: El Punt. http://www.vilaweb.cat/www/elpunt/noticia?p_idcmp=2743528

24 enero 2008

¿Por qué no cambiamos las ciudades?

JOAN SUBIRATS 24/01/2008

Font: http://www.elpais.com/articulo/cataluna/hablamos/ciudades/elpepiespcat/20080124elpcat_3/Tes

En esta extraña campaña electoral, tengo la sensación de que la gente sigue sin demasiadas ilusiones el acontecer diario de las estrategias de cada partido, en un espectáculo del que conocemos rutinas y liturgias, y del que sólo desconocemos el final, o quién se casa con quién. En el país vecino, Francia, están también en campaña electoral, pero en este caso se trata de las municipales. La primera vuelta se realizará el mismo día de las elecciones generales españolas, el 9 de marzo, y una semana después, la segunda vuelta en caso de que sea necesario. Los más de 30.000 municipios franceses han sido y son centrales en la vida política de ese país. No hay demasiados precedentes de destacados políticos franceses que no hayan batido el cobre en la política local antes de ir escalando posiciones en otras esferas de gobierno, manteniendo casi siempre sus responsabilidades locales. La crisis de las banlieu, y su reiterada aparición en la agenda política, ha obligado a que la campaña se centre en la necesidad de replantear el papel de los gobiernos locales, aumentando su protagonismo, y su capacidad de intervención. Sarkozy ha propuesto la creación de un ministerio específico para las ciudades, subrayando así el relieve de los temas urbanos en la agenda política y social francesa.En esta extraña campaña electoral, tengo la sensación de que la gente sigue sin demasiadas ilusiones el acontecer diario de las estrategias de cada partido, en un espectáculo del que conocemos rutinas y liturgias, y del que sólo desconocemos el final, o quién se casa con quién. En el país vecino, Francia, están también en campaña electoral, pero en este caso se trata de las municipales. La primera vuelta se realizará el mismo día de las elecciones generales españolas, el 9 de marzo, y una semana después, la segunda vuelta en caso de que sea necesario. Los más de 30.000 municipios franceses han sido y son centrales en la vida política de ese país. No hay demasiados precedentes de destacados políticos franceses que no hayan batido el cobre en la política local antes de ir escalando posiciones en otras esferas de gobierno, manteniendo casi siempre sus responsabilidades locales. La crisis de las banlieu, y su reiterada aparición en la agenda política, ha obligado a que la campaña se centre en la necesidad de replantear el papel de los gobiernos locales, aumentando su protagonismo, y su capacidad de intervención. Sarkozy ha propuesto la creación de un ministerio específico para las ciudades, subrayando así el relieve de los temas urbanos en la agenda política y social francesa.

No me parece que en las elecciones españolas ése sea un tema significativo. Estamos demasiado ocupados en cuestiones mucho más importantes: la unidad de España, la presencia de Pizarro y el bofetón a Gallardon, o la letra del himno patrio. Pero, si examinamos lo que ha ido sucediendo en España, la cosa merecería mucha más atención. La sociedad española ha sufrido procesos de urbanización sin precedentes. Si en 1900 un 50% de la población vivía en pueblos de menos de 5.000 habitantes, en el año 2001 ese porcentaje era del 15%. Tenemos 20 aglomeraciones urbanas extensas, con más de 250.000 habitantes, y cinco de ellas superan el millón. En este sentido España sigue la evolución mundial, ya que si en 1950 el 29% de la población mundial era urbana, en 1990 alcanzó un significativo 50%, y se calcula que en 2025 puede llegar al 75%. Las ciudades reflejan y concentran los valores, los problemas y las alternativas del conjunto de la sociedad hoy en el mundo y también en España.
Los grandes procesos de cambio de la sociedad española, en campos como el trabajo, la familia o la estructura social, han afectado de manera muy intensa a las ciudades. Es en las ciudades donde se concentran problemas y oportunidades, donde conviven procesos crecientes de individualización con dinámicas de segmentación social que tienden a separar funciones y personas. Podríamos decir que son las ciudades las que necesitan más -y más innovadora- capacidad de intervención y son esas ciudades donde, tras casi 30 años de gobiernos locales democráticos, se constata la falta de recursos y de capacidades intregrales de respuesta. Las políticas urbanas tradicionales, muy basadas en la planificación y el control de los usos del suelo (políticas urbanísticas), se ven impotentes para responder a los nuevos retos. Y tampoco son suficientes las estrictas políticas locales, hechas muchas veces desde una lógica muy restrictiva y poco capaz de plantearse problemas que las desbordan y que escapan de sus límites competenciales y territoriales. La gente transita a diario por un territorio en el que se entremezclan problemas y temas que afectan a sus vidas de manera directa. Ese espacio, ese territorio, es casi inevitablemente urbano. ¿Cómo repensar, pues, problemas y políticas de respuesta desde una perspectiva que reconozca la significación del espacio, del territorio en el que ello sucede, y que al mismo tiempo quiera mantener una perspectiva integral que permita abordajes más eficaces aprovechando el factor de proximidad? Se ha argumentado que la variable territorial es muy significativa a la hora de establecer la distribución de las oportunidades vitales y de consumo, y que es justamente en esas coordenadas territoriales donde se produce la tensión entre las funciones de las áreas urbanas como medio residencial para la población y los usos de esas mismas áreas como palancas de acumulación para otros sectores, todo ello en pleno debate sobre la sostenibilidad de las ciudades atendiendo a su evidente huella ecológica. Desde esta perspectiva se enfatiza el papel central del territorio tanto en nuevos procesos de acumulación en la economía globalizada, como en su calidad de soporte concreto y específico del bienestar de la ciudadanía.
Cada territorio concreto se ve afectado por un conjunto de políticas e intervenciones que descienden desde distintas esferas de gobierno marcando su desarrollo y las interrelaciones concretas de sus habitantes y su calidad de vida. Por otro lado, muchas ciudades se han ido convirtiendo en growth machines en las que se juegan los equilibrios de poder entre élites económicas locales, nacionales y globales que compiten por determinar usos y apropiarse de las plusvalías de sus crecimientos y restructuraciones. Se ha ido pasando de la idea de políticas urbanas centradas en asegurar el máximo bienestar ciudadano, a políticas urbanas que pugnan por generar mayor competitividad del territorio en cuestión, para así generar después oportunidades de bienestar a sus habitantes. Se ha ido, pues, subordinando el papel de las ciudades como contenedoras de infraestructuras sociales, para primar sus aspectos de competitividad global. Y ello es ya así en todo el mundo.
Estamos, pues, en momentos de profunda reconsideración de las políticas urbanas, al no sernos útiles las aproximaciones tradicionales -de carácter específicamente urbanístico-, precisamente cuando parece ser más decisivo el rol territorial-urbano en los desarrollos contemporáneos, y cuando las políticas locales en sus coordenadas actuales son también insatisfactorias. Se necesita repensar las ciudades, y hacerlo de manera que las distintas esferas de gobierno puedan participar e influir. Tenemos ahora la oportunidad de hacerlo. Necesitamos un foco de atención específico en las ciudades que pueda impulsar esa tarea desde el gobierno del Estado, desde una lógica no jerárquica, sino buscando la articulación del resto de instituciones y actores, y con el objetivo inequívoco de reforzar las capacidades de gobierno de las ciudades y los espacios urbanos.

13 noviembre 2007

Els problemes de mobilitat són un exemple del fracàs en la gestió de l'escala supralocal

Al llarg dels mesos d'octubre i de novembre la Societat Catalana d'Ordenació del Territori (SCOT) -filial del centenari Institut d'Estudis Catalans (IEC)- realitza un cicle de debats sobre l'escala supralocal. I és que bona part dels reptes en l'ordenació i gestió del territori passen per abordar aquest àmbit que queda a mig camí de la realitat 'autònoma' municipal i de la nacional. Òbviament, un dels elements que en destaquen és la mobilitat, especialment rellevant els darrers mesos pel caos en el sistema ferroviari de rodalies. De fet Andreu Ulied, membre de la junta directiva de l'SCOT, va assenyalar en la presentació de la conferència el fet que el darrer baròmetre de l'Ajuntament -realitzat abans de la supressió de rodalies al sud de Barcelona- apareix per primera vegada com a principal preocupació dels ciutadans les infraestructures i la mobilitat per sobre dels elements 'tradicionals': habitatge, inseguretat i immigració. Ulied qualifica el fet com a excepcional i 'trist' ja que constata el fracàs en la gestió d'aquesta escala supralocal.

La conferència va ser impartida per Miquel Àngel Dombriz, responsable de Mobilitat del Departament de Política Territorial i Obres Públiques (DPTOP). Tanmateix, Dombriz va voler aparcar el seu càrrec per centrar-se en dibuixar les principals línies d'una política de transport realment sostenibilista. Altrament, també va aprofitar per anunciar mesures tan esperades com la integració tarifària pel conjunt del Principat l'any 2012.

Les ciutats 'reals'
La Regió Metropolitana de Barcelona està formada per 144 municipis. Tanmateix l'estudi dels fluxos de mobilitat obligada ha permès constatar que tan sols existeixen deu ciutats o sistemes urbans 'reals' amb un poder d'atracció significatiu. En canvi, la planificació no té en compte aquesta realitat; per exemple, la Llei 9/2003 de mobilitat no va preveure instruments que abordessin conjuntament aquestes aglomeracions o 'ciutats reals'. D'aquesta manera els Plans de Mobilitat Urbana (PMU) -element que preveu la Llei- no han aconseguit superar les realitats estrictament municipals. Un exemple és el Bicing que s'ha pensat exclusivament des de l'Ajuntament de Barcelona però que a la pràctica 'obliga' a les ciutats limítrofs a prendre exactament el mateix model i a contractar la mateixa frase.

Per Dombriz es manté una gran divisió entre allò urbà -entès com a municipal- i allò interurbà. Un exemple que considera paradigmàtic és el de les antigues carreteres que s'han transformat en vies urbanes i que travessen gran quantitat de municipis (per exemple l'antiga N-340 al Baix Llobregat) en cada un dels quals es gestiona de manera diferenciada i sovint contraposada.

Punts forts i febles de la Llei de mobilitat
L'aprovació de la Llei 9/2003 va ser un fet molt pioner a l'Estat espanyol. Per Dombriz els principals aspectes positius són l'impuls de la planificació sectorial, la creació dels consorcis de transport públic i la coordinació de la planificació de la mobilitat amb la de caràcter territorial i urbanística. Aquest darrer element pretén trencar amb l'actual tendència que configura una ciutat de baixa densitat, poc mixta i amb una gran ocupació de sòl. Es tracta d'un model amb greus conseqüències de congestió, contaminació i consum energètic. En aquest sentit destaca el Decret d'estudi de la mobilitat generada que obliga als planificadors urbanístics a dissenyar l'accés als nous desenvolupaments residencials, industrials o comercials en quatre modes: automòbil, transport públic, bicicleta i a peu.

D'altra banda, es transformaran ens com l'Autoritat del Transport Metropità en Autoritats Territorials de Mobilitat. Actualment se n'han constituït cinc (Barcelona, Lleida, Girona, Tarragona i Bages) però segons Dombriz no són res més que consorcis de transport, entesos com a coordinació entre diversos operadors privats i públics urbans o interurbans. D'aquesta manera els seus objectius són assolir una integració tarifària així com planificar de manera conjunta els serveis i horaris dels diversos modes. Tanmateix per Miguel Ángel Dombriz, una autèntica Autoritat Territorial de la Mobilitat no només hauria de gestionar el transport públic sinó també la xarxa viària. I es pregunta: 'Té gaire sentit que el trànsit sigui una competència d'Interior?' Entén que el Servei Català del Trànsit tingui com a grans preocupacions la seguretat vial i el compliment del codi de circulació. Però la realitat és que la gestió de fluxos i l'establiment de mesures que permetin avançar cap a una mobilitat sostenible no formen part dels seus objectius. Un exemple és el de la problemàtica de la qualitat de l'aire que es podria solucionar a partir d'augmentar la mitjana d'ocupació dels vehicles d'1,18 a 1,40. Aquest pas que Dombriz qualifica de 'gran magnitud' s'hauria d'aconseguir a partir de mesures com peatges selectius, carrils especials i fins i tot polítiques d'aparcament en funció de l'ocupació. L'aplicació d'algunes d'aquestes estratègies a San Francisco ha provocat que s'hagi creat un carpooling -compartir automòbils- espontani. D'aquesta manera, els cotxes 'buits' recullen a vianants en diversos zones de fora la ciutat central sense la necessitat de cap tipus de regulació per part de les autoritats.

Usuaris o clients?
Miguel Ángel Dombriz destaca la gran diferència entre els conceptes d'usuari i de client. Mentre un usuari de transport públic és aquell que l'utilitza ja que no té més opcions; en canvi, el client -en el sentit anglosaxó del terme- escull i ho fa perquè considera que el servei s'adequa a les seves expectatives.

Un cas que considera paradigmàtic és el dels autobusos del Camp de Tarragona. En una enquesta que es va realitzar fa pocs mesos el 90% dels usuaris van respondre que l'utilitzaven ja que no tenien cap altra possibilitat. Per Dormiz el repte és recuperar o aconseguir autèntics clients, és a dir, que trïin un determinat mode sostenible perquè volen i no pas per no tenir altra alternativa.

En aquest sentit considera absolutament necessari apostar per un màrqueting a favor del transport públic però no com les campanyes actuals que tan sols pretenen reforçar una marca. L'objectiu hauria de ser satisfer les expectatives del client; 'dubto que els usuaris de les rodalies desitgin el retorn de l'import del seu bitllet sinó rebre un servei puntual i sense averies' afegeix.

Per Dombriz, una política de mobilitat sostenible ha de tenir com a principal fita evitar l'ús abusiu del vehicle privat. I això passa per permetre'n la seva utilització sense ser-ne propietari -carpooling, carsharing, lloguer...- ja que el principal cost es realitza en la compra.
Font: Sostenible - 12.11.07
Arnau Urgell

11 noviembre 2007

15 octubre 2007

La ciudad europea y su mito

EL PAÍS 15.10.07. JORDI BORJA
¿Podrán sobrevivir nuestras ciudades? se preguntaba Josep Lluís Sert en el título de un libro convertido en clásico escrito en el exilio, en 1942. Y finalizaba con un texto conclusivo rotundo titulado Planificaciones urbanas a gran escala o catástrofe urbana.
Regreso de Toulouse, participé en el debate de clausura del Congreso Anual de la Federación de Agencias de Urbanismo de Francia. Había un total de 850 participantes, la mayoría profesionales de la cincuentena de agencias repartidas por todo el país y también numerosos alcaldes y regidores de urbanismo de ciudades grandes y medias, miembros del gobierno y directivos del poderoso Ministerio de Ecología, Desarrollo y Ordenación del territorio sostenibles así como dirigentes de las grandes sociedades públicas y privadas financieras y de servicios urbanos y algunos, pocos, expertos o investigadores universitarios. El tema de este año: la ciudad negociada, es decir, compartida en su gestión y desarrollo con los actores económicos, las organizaciones sociales, los habitantes. Hasta aquí nada especial.
¿De qué ciudad se hablaba? Aquí apareció la novedad. La escala de la ciudad francesa, y por extensión europea, la de las propuestas y los proyectos de futuro, no era la del municipio, ni tan sólo las exitosas aglomeraciones metropolitanas creadas a finales de la década de 1990. La ciudad que se está haciendo hoy en Europa es a una escala superior, que traspasa los límites de municipios y comarcas, de departamentos (provincias) y de regiones, incluso las fronteras nacionales en algunos casos. En la sesión a la que asistí primero intervinieron los directores de las Agencias de Urbanismo de Lille, Estrasburgo, Nancy y Clermont-Ferrand, unas agencias muy vinculadas a sus respectivas ciudades, como sucede acá con Barcelona regional.
Lille nos expuso el proceso en marcha de construcción de una metrópolis en red que integraba decenas de municipios por medio de 14 agrupaciones de municipios franceses y 4 belgas, proceso al cual se habían asociado 5 entidades regionales y provinciales francesas y belgas. Se ha iniciado ya la institucionalización de esta región metropolitana sobre la base de 15 autoridades locales lideradas por la ciudad de Lille, por ahora sin los belgas por la resistencia de los Estados a favorecer la institucionalización local transfrontaliza. Las propuestas de Nancy y de Estrasburgo eran de una ambición parecida. La capital de la Lorraine apuesta inicialmente por una metrópolis que articule el eje lineal de sus cuatro ciudades (Nancy, Metz, Epinal y Thionville) para abrirse luego hacia Suiza, Alemania, Luxemburgo y Bélgica. Y Estrasburgo conjuntamente con Mulhouse la otra capital alsaciana, se define como la ciudad central del eje que va de Basilea (Suiza) a Karlsruhe (Alemania) y prepara proyectos con Stuttgart. Incluso una ciudad como Clermont-Ferrand, capital de la región franco-francesa de la Auvergne, en pleno centro de Francia, no sólo plantea sus proyectos a escala regional, también se abre hacia la región vecina por medio del eje con Sainte Etienne, la segunda ciudad de la región que lidera Lyón, y de aquí a Suiza y norte de Italia.
Estas ciudades y las estructuras regionales que promueven no sólo se proponen desarrollar las infraestructuras comunicacionales conjuntas. También quieren definir programas y proyectos conjuntos, orientados a la innovación de las actividades y los servicios, el desarrollo económico y territorial sostenible y la dimensión europea. Se proponen promover elementos que refuercen la naciente identidad de estos territorios. ¿Nos encontramos en la etapa final de la mítica ciudad de la vieja Europa, como nos consideran en Estados Unidos? No es ésta la pretensión de los protagonistas de estos procesos metropolitanos y macrorregionales. En la mesa redonda de clausura en la que participé y en los discursos oficiales finales se enfatizó la centralidad de las ciudades existentes, se apostó por la densidad y por la compacidad de los desarrollos y se propuso la articulación a escalas regionales de escala europea como la mejor forma de salvar y de hacer progresar las ciudades tradicionales, elementos nodales y motores de los nuevos sistemas urbanos. La mítica ciudad europea permanece renovándose.
Y en nuestro país ¿qué ha pasado con la "Eurorregión"? Hace ya 15 años el actual alcalde de Perpiñán me decía que su ciudad formaba parte del área metropolitana de Barcelona, en las alcaldías de Toulouse y Montpellier estaban encantados del proceso naciente de articulación de une espacio regional cuyo punto más fuerte era la capital catalana, Marsella, por medio de su alcalde, se declaraba interesada en integrarse en el planeamiento estratégico iniciado en Barcelona y Raymond Barre, el alcalde de Lyón, ex jefe de Gobierno de Francia y reputado economista, hablaba de fomentar el eje que le unía a Barcelona. El alcalde y luego presidente de la Generalitat, Maragall, nunca dejó de enarbolar esta bandera, pero no parece que haya sido suficiente. Ni la alcaldesa de Valencia (lamentablemente Carmen Alborch no conquistó la alcaldía) ni los anteriores alcaldes de Palma de Mallorca han demostrado el mismo entusiasmo, aunque ahora en las Islas, como en Zaragoza y Aragón, podría seguramente reactivarse el tímido proceso iniciado en la década de 1980. La política infraestructural del Gobierno central no sólo no ha dado facilidades; todo lo contrario, ha optado por desarrollar el sistema radial centrado en Madrid y ha sacrificado la conexión mediterránea, especialmente entre Valencia y Cataluña. Tampoco en Francia triunfaron los buenos deseos de los alcaldes citados, y una prueba, entre otras, de ello es el escaso interés que demuestran por la conexión de viajeros y de mercancías del tren de alta velocidad congelando el tramo de Perpiñán a Montpellier, temerosos de la competencia barcelonesa y de su puerto. Pero el tren, aunque sea lentamente, avanza y una vez desde España llegue a Perpiñán la fuerza de las cosas se impondrá a la miopía de los hombres.
Sería hora que la ciudad de Barcelona y su gobierno retomaran la bandera de la Eurorregión. Por ahora, tanto la Generalitat como el Ayuntamiento ofrecen una imagen muy autocentrada, casi ombliguista. De la épica no se ha pasado a la lírica, sino a un diálogo propio del Ionesco de la cantante calva. La campaña publicitaria ¿Vostè que faria? se dirige al ciudadano, es cierto pero en unas condiciones de aislamiento social que sólo puede dar resultados previsibles de más de lo mismo. Está amalgama de concejo abierto de pueblo y de concurso radiofónico financiado por un detergente no es la participación ciudadana más estimulante. Hay, sin embargo, indicios interesantes de debate sobre el modelo de Barcelona, que inició el excelente libro de Horacio Capel en 2005 y que ahora ha retomado una revista del Ayuntamiento, Barcelona metrópolis mediterránea, en su último número, que expone interpretaciones críticas; un buen signo pues sin diálogo y confrontación no hay progreso ni creatividad.
Pero el debate aún está demasiado circunscrito a la ciudad, aunque bien está que se asuma que el modelo dista de ser perfecto. Sin masoquismo, pues gran parte de los aspectos negativos o deficitarios que enfatizan los críticos se deben más procesos propios del entorno económico y político que a sus propias limitaciones, aunque el ámbito impuesto al urbanismo municipal no contribuye demasiado a reducir los efectos perversos del mercado y de la fragmentación política. En un reciente encuentro con urbanistas europeos los discursos locales enfatizaron mucho más la continuidad que el cambio y se excluyeron que hubiera rupturas en nuestro urbanismo de la última década. Puede ser cierto, aunque discutible. El señor K, el álter ego de Bercht, reconocía que si alguien te dice que en 10 o 20 años no habías cambiado deberías preocuparte.
En su conferencia en Tribuna de Barcelona, el responsable del urbanismo barcelonés, García Bragado, declaró que el Ayuntamiento debía sentirse responsable de que la ciudad ofreciera a todos los servicios, fueran o no de su competencia legal, que les permitieran ejercer de ciudadanos. Tenía razón. Si me permiten añadiría: pues no basta el urbanismo de barrio, hace falta el urbanismo de escala europea, más allá de la ciudad y de la vieja área metropolitana, sin otros límites que los de nuestras capacidades, no de las inercias administrativas.
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05 enero 2007

Manifest per una nova cultura del territori

Este texto se presentó el lunes 8 de Mayo de este año qeu acaba 2006 en Circulo de Bellas Artes de Madrid. Es una inicitiva del Colegio de Geógrafos y de la Asociación de Geógrafos, (aqui se encuentra el listado de adhesiones: www.gi.ulpgc.es/ges/blogesfera/wp-content/uploads/2006/05/Manifiesto%20Territorio_Adhesiones_1.pdf). a esta iniciativa también se ha incorporado el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos.
La evolución que están experimentando los usos del suelo en España, principalmente a causa de los avances de una urbanización realizada de forma masiva y sobre terrenos no siempre adecuados, es muy preocupante. Este proceso está teniendo consecuencias ambientales y paisajísticas muy negativas cuyo alcance, en muchos casos, no viene siendo ni considerado, ni corregido. El actual modelo de urbanización está teniendo asimismo consecuencias perniciosas para la calidad de vida de los ciudadanos –de las que son expresión palmaria las dificultades de acceso a la vivienda, el incremento de la movilidad y el aumento de los costes de los servicios- y puede comportar efectos preocupantes para el mismo equilibrio del sistema financiero y la actividad económica, tal como han advertido en reiteradas ocasiones las autoridades fiscales y monetarias. Además, la práctica del urbanismo ha devenido demasiado a menudo sinónimo de opacidad, de “mala política” y aún de corrupción. Así, el instrumento que debería servir para ordenar los usos del territorio en beneficio de la colectividad ha acabado identificándose, en muchos casos, con una técnica ininteligible donde la participación democrática del conjunto de actores presentes en los territorios es irrelevante y prevalecen los intereses de los agentes urbanizadores.En el campo disciplinar, la propia expresión “ordenación del territorio” no ha alcanzado todavía un suficiente consenso científico-técnico, y su práctica real en la mayoría de las Comunidades Autónomas no ha llegado a ser relevante en términos político-administrativos Así, se consume voraz y desordenadamente un recurso limitado, el territorio, sin disponer de instrumentos adecuados y sin que se atisben respuestas suficientes a los graves e irreversibles daños que en muchos lugares se están ocasionando. La gestión prudente del territorio debe convertirse en el elemento central de un nuevo debate ciudadano. Un debate democrático en el que participen todos los actores concernidos, especialmente aquellos que menos capacidad tienen para hacer oír su voz. Es imprescindible que la sociedad española tome conciencia de que, de persistir, el mal uso y desgobierno del territorio acarrearía, tras una corta etapa de grandes beneficios privados, largos periodos de onerosos costes ambientales, económicos y sociales. La mayor capacidad técnica para transformar la naturaleza y los espacios de vida, el rápido aumento de la población y de los niveles de consumo debe ir acompañada de prudencia y respeto en el uso y la gestión de los recursos de que disponemos. Sólo así conseguiremos mantener y mejorar nuestro nivel de bienestar, sólo así aprovecharemos las grandes potencialidades de que goza nuestro territorio, sólo así evitaremos legar a las generaciones venideras una España desfigurada, plagada de riesgos y repleta de exasperaciones cotidianas, de desequilibrios territoriales, de procesos segregadores y de deterioro irreversible de elementos culturales, simbólicos y patrimoniales. El buen gobierno del territorio, de la ciudad y del campo, como el representado en el maravilloso fresco del Palacio Comunal de Siena, es responsabilidad de todos. Por ello debe convertirse en un tema político de primer orden, entendiendo por político no únicamente la práctica institucional o partidaria, sino también el compromiso del conjunto de los ciudadanos. Cada ciudadano tiene derecho a vivir en un ámbito digno, sano y bello, pero también tiene el deber de cuidarlo y de exigir que velen por él quienes tienen la representación de la sociedad. En este sentido hay que saludar con optimismo el incremento de las asociaciones y entidades que en toda España pugnan por preservar determinados espacios amenazados por procesos de urbanización inadecuados. Pero debemos ser capaces de dar a estos movimientos no sólo un carácter defensivo y local, sino también propositivo y general. Urge pues poner las bases de una nueva cultura del territorio. Una nueva cultura territorial que impregne la legislación estatal y autonómica, que oriente la práctica de todas los ayuntamientos y el conjunto de las administraciones, que provea el marco adecuado para el buen funcionamiento del mercado, que corrija en beneficio de la colectividad los excesos privados y que haga prevalecer los valores de la sostenibilidad ambiental, la eficiencia funcional y la equidad social. Esta nueva cultura del territorio debe estar sustentada, a juicio de los firmantes, en los siguientes principios, criterios y prioridades:1. El territorio es un bien no renovable, esencial y limitado. La sociedad encuentra en él soporte o sustento material a sus necesidades, así como referente de su identidad y cultura. Las características naturales de cada territorio y las pervivencias en él de trazos y formas que provienen del pasado le confieren singularidad y valores de diversidad. Por ello, el territorio debe ser entendido como recurso, pero también como cultura, historia, memoria colectiva, referente identitario, bien público, espacio de solidaridad y legado. La nueva cultura del territorio debe tener como primera preocupación encontrar la forma para que, en cada lugar, la colectividad pueda disfrutar de los recursos del territorio y preservar sus valores para las generaciones presentes y venideras. 2. El territorio es una realidad compleja y frágil. Toda realidad territorial, todo lugar, está compuesto de múltiples elementos naturales y culturales y de sus interrelaciones, que deben ser adecuadamente considerados. Las actuaciones con gran incidencia territorial (urbanización, obras públicas, extracción de minerales, roturaciones, forestaciones, etc.) tienen habitualmente consecuencias irreversibles. Por ello, deben realizarse con conciencia de dicha complejidad y evaluando previamente las múltiples repercusiones posibles. El principio de precaución es de imprescindible aplicación a todas estas transformaciones.3. El territorio contiene valores ecológicos, culturales y patrimoniales que no pueden reducirse al precio del suelo. Estos valores sociales difíciles de medir en términos monetarios convencionales deben ser tomados sistemáticamente en consideración por las administraciones responsables de velar por sus cualidades y potencialidades. La apropiación privada de cualquier parte del territorio debe ser compatible con dichos valores; por ello, la propiedad del suelo y la vivienda debe ser ejercida con respeto de su función social, y con la asunción plena de la responsabilidad de potenciar su utilidad, su valor ambiental y su potencial paisajístico.4. Un territorio bien gestionado constituye un activo económico de primer orden. En efecto, la correcta gestión del proceso de urbanización permite reducir los costes de la movilidad para las personas y las empresas, contener los precios del suelo y la vivienda, así como moderar las cargas de la prestación de los servicios. Por otra parte, disponer de un entorno de calidad no sólo evita daños ambientales y de salud, sino que también confiere valor añadido a los productos y a los servicios, en particular los turísticos, básicos para la economía española. La gestión sostenible del territorio es ciertamente una obligación social y ambiental, pero resulta también un apremiante imperativo económico. 5. El planeamiento territorial y urbanístico es un instrumento esencial para la actuación de lospoderes públicos. Así, frente a toda veleidad desreguladora, hay que defender la importancia de la legislación, la normativa y la gestión urbanística para el buen gobierno del territorio. Ahora bien, la práctica urbanística debe dotarse de nuevos horizontes y de nuevas herramientas disciplinares y administrativas. Sólo de esta forma dará respuesta a las necesidades sociales, propiciará la coordinación política horizontal entre distintos departamentos y fomentará la concertación vertical entre administraciones y con los agentes sociales. El conjunto de administraciones competentes deben propiciar pues una revalorización del planeamiento territorial y general, suprimiendo la utilización espuria de otros instrumentos de menor alcance espacial pero con alta incidencia real, cuya aplicación abusiva ha tenido como consecuencia la urbanización masiva, desordenada e inadecuada de suelo rústico.6. El planeamiento municipal debe tener como principal objetivo facilitar el acceso a la vivienda, el goce de los servicios y la preservación del ambiente. El planeamiento municipal es la escala básica de la práctica urbanística, pero en demasiadas ocasiones los planes locales de ordenación está sirviendo casi exclusivamente para impulsar procesos de expansión urbana. Ante esta deriva, hay que defender planes municipales de ordenación que atribuyan valores positivos a todas y cada una de las partes del término municipal, basando el crecimiento urbano en criterios ecológicos y sociales, más allá de la simple consideración de la oportunidad económica o de ocasionales negocios particulares inmediatos. En particular, debe abandonarse la concepción del suelo rústico como un espacio residual, perennemente pendiente de urbanización futura y comprender que la permanencia de suelos rústicos destinados a las prácticas agrarias se hace imprescindible por razones ambientales y ecológicas, incluso en los contextos espaciales de las mayores ciudades y aglomeraciones urbanas. La defensa del espacio abierto, como matriz territorial básica es hoy una prioridad que debe ser perseguida adecuadamente, incluso mediante procedimientos de adquisición de tierras y/o expropiación por interés social.7. El planeamiento territorial debe proveer acuerdos básicos sobre el trazado de las infraestructuras, el desarrollo de los asentamientos y el sistema de los espacios abiertos. En un territorio crecientemente integrado el planeamiento municipal no puede hacer frente por si solo a las dinámicas de transformación del espacio. Por ello hoy es más necesario que nunca disponer de un planeamiento a escala territorial que coordine y vincule el planeamiento municipal, en pos de un nuevo modelo de urbanización, basado en el ahorro en el consumo de suelo, la convivencia de usos y la cohesión social. El planeamiento territorial debe ser un compromiso a la vez general y suficientemente concreto, por cuyo cumplimiento y desarrollo será evaluada la actividad política de los partidos y responsables públicos que lo formulan y aprueban. Sobre las Comunidades Autónomas recae la gran responsabilidad de demostrar una mayor voluntad política de ordenar su territorio superando la situación creada casi exclusiva del planeamiento urbanístico. Deben aumentar su capacidad administrativa y técnica para realizar planes de ordenación y de hacer real el orden territorial que se propongan tener. Es imprescindible la formulación de modelos de ordenación territorial para ámbitos metropolitanos, litorales y de espacios rurales, con ciudades medias y/o espacios naturales protegidos. 8. El Gobierno central y las Cortes Generales del Estado no pueden desentenderse del territorio. Con pleno respeto a las competencias que la Constitución española otorga a las Comunidades Autónomas y a los municipios en ordenación territorial y urbanismo, la administración general del Estado no puede dejar de considerar el territorio como parte de sus responsabilidades. En el momento actual es inaplazable la revisión de la legislación todavía vigente desde 1998 sobre medidas liberalizadoras en materia de suelo y resulta imprescindible una nuevalegislación del suelo que supere la visión estrecha según la cual la vocación esencial del suelo sería su urbanización. La legislación del Estado debe requerir a las administraciones competentes la atribución de valores sociales positivos a todas las partes del territorio español, puesto que todas ellas afectan a la calidad de vida de los ciudadanos, todas tienen funciones naturales, ecológicas o ambientales y en todas ellas se plasman rasgos históricos y del patrimonio cultural. Sobre el gobierno central recae igualmente la responsabilidad de revisar y proponer el consenso relativo a un nuevo modelo de financiación para los gobiernos locales que responda a los principios de suficiencia financiera y adecuación de recursos a los servicios reales que deben prestar. 9. En un mundo crecientemente integrado la gestión del territorio debe atender también a los compromisos de solidaridad y responsabilidad global. El Estado español ha suscrito y/o ratificado diferentes acuerdos internacionales (Convención sobre conservación y protección de la vida silvestre y el medio natural, Berna, 1979; Carta Europea de Ordenación del Territorio, Torremolinos 1983; Convención para la protección del patrimonio arquitectónico de Europa, Granada 1985; Declaración de Río de Janeiro sobre el medio ambiente y el desarrollo, 1992; Estrategia territorial europea, Postdam, 1999; Principios directores para el desarrollo territorial sostenible del continente europeo, 2000, Hanover; Convención europea del paisaje, Florencia, 2000). En estas circunstancias, el conjunto de las administraciones públicas españolas están obligadas a seguir las orientaciones que en ordenación del territorio desarrollan otros estados europeos de forma consecuente con dichos tratados y con repercusiones muy positivas para sus ciudadanos. 10. El impulso de los valores de sostenibilidad ambiental, eficiencia económica y equidad social requiere de una nueva cultura del territorio. Para promoverla es necesario un gran acuerdo que debe tener su reflejo tanto en la actuación administrativa como en las prácticas sociales. Así, las administracionesque actúan en cada nivel territorial (local, autonómico, estatal y europeo) deben revisar sus objetivos, sus normativas e instrumentos de gestión territorial para ponerlos de forma más efectiva al servicio de la colectividad. Y los ciudadanos, al mismo tiempo que reclaman el derecho de un trato equitativo en cualquier territorio, tienen también el deber ético de velar por el bienestar de las generaciones venideras.